Celulares en el salón de clase

no-blackberryRetomo una discusión iniciada por Richardson (2007) y aún hoy vigente en México: se ha visto que muchos adolescentes fuera de las aulas están rodeados de tecnología y habitan las redes sociales.

Paradójicamente, dentro del salón con frecuencia encuentran cortapisas al uso de equipos móviles, por ejemplo, que los tengan apagados o los usen sólo si el maestro lo permite por unos minutos al final de clase; eso si no están del todo vedados y bajo riesgo de ser confiscados o su uso no autorizado sujeto a penalización académica o pérdida de otros privilegios, situación que recuerda aquellas épocas cuando se proscribía el uso de calculadoras.

Ese proceder prohibicionista de profesores y autoridades escolares es contradictorio, pues transmite a los jóvenes mensajes negativos: implícitamente se les dice que no merecen ser habilitados con la tecnología y herramientas de comunicación de la misma manera que los adultos, quienes las usan en su vida cotidiana y las encuentran relevantes a sus propias necesidades y que además no se puede confiar en ellos ni enseñarles a usar sus equipos móviles de manera responsable y apropiada. No sorprende que los jóvenes se sientan presos en aulas decimonónicas.

Desde luego eso no significa que el teléfono celular o cualquier aparato digital móvil deba introducirse en las aulas sin más ni más, ni en cualquier etapa de desarrollo de los jóvenes, por el contrario, ha de buscarse convertirlo del distractor juguete de moda a la herramienta educativa y organizativa que puede llegar a ser, articulando las mejores prácticas y aplicaciones formativas que potencien el alcance de los jóvenes y sus oportunidades de aprendizaje.

Se comienza sabiendo para qué y cuándo usan sus celulares los jóvenes y luego seleccionando y modelando los momentos y diseñando estrategias en que es más acertado utilizar los aparatos en clase, es decir el cuándo y el cómo para mezclarlos con efectividad en las actividades tradicionales de la clase.

Pero, ustedes, ¿qué opinan?

Bibliografía
Richardson, W. (1 de junio de 2007). I lost something very important to me. Recuperado el 07 de octubre de 2011, de weblogg-ed: http://weblogg-ed.com/2007/i-lost-something-very-important-to-me/

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